jueves, 17 de septiembre de 2015

History

Me da verdadera rabia el que no me salga una sola palabra de lo que siento. Ni aunque me ponga a escribir. 
Así llevo semanas. No sale nada. Solo respiro y digo gilipolleces sobre cuán gilipollas soy, y de ahí no salgo. Y me apena no mostrármelo ni a mi mismo frente a un papel, frente a una pantalla; con un bolígrafo o un teclado a mi disposición. Me apena y me duele. Me duele no poder escribirle a un papel o a una pantalla lo que siento, cuándo lo siento y por qué lo siento. 
Me hace falta. Me hace falta llorar acompañado. Me hace falta abrazar, besar, sentir lo que solo con una persona siento. Me apena no poder ver este año a más de una persona que significan mucho para mí -salvando las distancias de cada caso-. 
Me apena, simplemente me apena. Me duele, qué coño, me duele. Y me hace llorar, claro que me hace llorar. Pero lo que más pena me da es que en uno de los casos quedan lágrimas reservadas para toda mi vida. Y es antinatural tan joven y nunca lo dejaré de pensar. Nunca.