viernes, 3 de abril de 2015

Un padre y un hijo que se quedaron sin tiempo

Las cosas pasan demasiado rápido. Tan rápido que no te das ni cuenta.
En realidad, lo realmente gracioso es que después tienes que intentar asimilar poco a poco tanta mierda.

Y piensas en qué podría haber pasado. Y en cómo te podrías haber comportado. Y en cómo podrían haberse comportado contigo. Y también en lo mucho que lo sientes. 
Piensas en cómo hubiera sido todo si cada parte se hubiera dado cuenta antes de lo que perdería. Y te lo preguntas. Y no obtienes respuesta. Solo un leve "hubiera estado mejor, mucho mejor". Porque sí, hubiera sido lo mejor. Poder aprovechar las compañías y el cariño. Y de eso sólo te das cuenta cuando alguien se va. Cuando, desafortunadamente, ya no hay nada que hacer. Cuando ya solo cabe la resignación y el pesar. Cuando ya solo cabe el coraje. No valentía, sino enfado porque no te hayan aprovechado. Porque yo quería que lo intentara. Y lo intentó al final. Y se fue. Él y su tiempo. El tiempo que nunca jamás podrá aprovechar.